Cuando la edad define la precedencia

Todos sabemos que la urbanidad y la cortesía hacen que la persona educada cumpla con determinadas normas en su vida de relación con los demás, y también que desde siempre se tuvo un respeto especial por los ancianos, por considerarlos a ellos como los más sabios y prudentes. Los antiguos romanos dejaron para ellos las funciones del Senado y el gobierno de su vasto imperio. Claro, en aquella época en que la expectativa de vida era tan baja, los ancianos, que habían sobrevivido a las guerras y a las enfermedades, quizás contaban con cincuenta años como promedio. Hoy, gracias al avance de las ciencias – especialmente las relacionadas con la medicina y la bioquímica – y la tecnología, la expectativa de vida ha aumentado considerablemente. Un hombre de 50 o 60 años es hoy, para todos, un hombre joven. Los ancianos de hoy, aquellos que superan los 70 años, deberían gozar de la misma consideración que en antaño se les tenía a los que dirigían los destinos del mundo.

El tratamiento especialmente delicado y preferencial que se le da hoy a la mujer tiene sus Leonor de Aquitaniaorígenes posiblemente en Francia, cuando la reina Leonor impuso la moda, en su corte – que luego fue copiada por las del resto de Europa – en la que los caballeros amaran platónicamente a una dama y que a ella ofrecieran sus triunfos en las batallas o en las justas, donde arriesgaban su vida, para ser recompensados por ellas con una prenda, como podría ser un pañuelo, un velo u otra cualquiera de su vestuario. Ese sentimiento, que muchas veces fue adúltero, creó alrededor suyo un halo de fantasía romántica y sublimó a la mujer, inspirando a poetas y trovadores del medioevo.

Siglos más tarde, la vida cortesana de la edad moderna mantuvo ese tratamiento hacia el sexo débil especialmente durante el galanteo.  Hoy, con la posición que ocupa la mujer en la vida política, empresarial, científica, y en cuanto ámbito existe – porque hasta en actividades o deportes reservados históricamente para el hombre, como el box y el fútbol, también  participan – ese tratamiento se fue acomodando a los cambios producidos en la sociedad y a la vida cotidiana. Las normas de urbanidad siguieron marcando la diferencia entre el hombre y la mujer, pero con mayor moderación. En artículos anteriores me he referido a la precedencia de cortesía que se le concede, pero ahora quiero marcar cuáles son los límites de esa cortesía hacia la mujer. Usted seguramente se preguntará qué podría vulnerar ese tácito principio protocolar hacia las damas. Pues bien, se lo diré.

Un ejemplo de ello se da en las presentaciones, cuando el hombre es muy mayor y la mujer muy joven. En ese caso la precedencia la tiene el hombre, al ser presentada la dama al caballero y no a la inversa como es de estilo.

Otro ejemplo lo constituye el hombre cuando está investido de una dignidad – cargo – donde la dama sólo lo acompaña, como podría ser el caso de un rey y la reina consorte, o un presidente y la primera dama.

Pero más allá de estas excepciones, y explicando un poco al lector la referencia inicial hecha a los ancianos y a las damas medievales, existe la prioridad, la precedencia, que otorga la edad, aunque se trate de un caballero. Sinceramente me motivó a escribir este artículo la situación de la que fui testigo pocos días atrás mientras viajaba en un transporte público. Una señora de setenta años, según su propia declaración, comenzó a reprender en voz alta, tanto a hombres como jóvenes mujeres, por hacer caso omiso a la presencia de un anciano, que viajaba parado junto a ellos sin que ninguno se inmutara y le cediera el asiento. Había hombres, y ellos debieron ser los primeros en ponerse de pie y respetar la edad del otro caballero, pero también había jóvenes mujeres que enfrascadas en el chat de su WhatsApp o en la música que escuchaban tampoco atinaron en respetar la edad de esa persona. Seguramente pensaron: yo soy mujer y él es un hombre, por lo tanto me corresponde a mí viajar sentada. Craso error. Se olvidaron que la diferencia de edades viene acompañada ancianotambién por algunos privilegios como éste. Quizás no sea el sabio romano, pero es una persona mayor que puede terminar herida, con consecuencias impredecibles, si por una maniobra brusca cayera al suelo. Entonces, jóvenes damas y caballeros, sepan que lejos de la fantasía romántica y utópica medieval la sociedad actual dio paso a costumbres más lógicas, realistas y humanas, y que el Protocolo supo acomodarse a esos cambios, en que la edad, muchas veces, define la precedencia.

Federico A. Luque Caamaño

Autor del Curso: “Cómo Aprender Ceremonial y Protocolo En Su Casa”; “Oratoria – Hablar sin Miedos”; y del libro “Urbanidad y Cortesía” publicado en Los Ángeles, California, U.S.A.

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Acerca de aprendeceremonialyprotocolo

Especialista Superior en Ceremonial - Profesor universitario de Ceremonial y Protocolo
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2 respuestas a Cuando la edad define la precedencia

  1. Claudia Arredondo dijo:

    Buenas tarde para mi es muy grato recibir toda informacion  que usted pública me gustaria saber si me puede informar como se realiza la asunción de los concejales y de intendente desde ya gracias

    Enviado desde Yahoo Mail para Android

    • Estimada Claudia:

      El acto de jura se realiza normalmente en la sala de sesiones del Concejo Deliberante o en otro salón, que por su capacidad y comodidad, por la cantidad de asistentes se considere más adecuado, pudiendo ser un salón de actos, un teatro o incluso al aire libre.

      Luego de las presentaciones efectuadas por el locutor oficial, toma la palabra el Presidente del Concejo Deliberante para continuar con la sesión que había pasado a cuarto intermedio e invitar al Intendente electo a prestar el juramento que marca la ley, y ordena a los presentes ponerse de pie. El Mandatario entrante escucha la fórmula leída por el Presidente del Concejo:

      ” (título, nombre y apellido), juráis por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Intendente de (nombre de la localidad) para el que habéis sido elegido, observando y haciendo observar fielmente, la Constitución de la Nación Argentina, la Constitución de la Provincia y la Carta Orgánica Municipal ?”. El intendente electo , colocando su mano derecha sobre los Santos Evangelios que tiene frente a sí, responde con un “Sí Juro”. El Presidente del Concejo Deliberante completa la fórmula de juramento diciendo: “Si así no lo hicieres, Dios y la Nación os lo demanden”.

      Con respecto a la fórmula del juramento se debe consultar previamente al interesado pues puede optar por otras.

      En Youtube hay subidas algunas juras de intendentes, vices y concejales que usted podrá tomar como modelo. El área de Ceremonial del municipio debe tener archivados los detalles de ceremonias similares anteriores.

      Cordialmente.

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