Dime cómo hablas y te diré quién eres

Hace pocos meses la Revista Cultural Hispanoamericana, editada en Los Angeles, California, USA, publicó este artículo mío que ahora, con su debida autorización, comparto con ustedes.

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En el número anterior hice referencia a que estábamos en la “Era de la Comunicación”. Y así es. Nunca el mundo estuvo tan interconectado como ahora gracias a la tecnología. Es la Era de la Internet y de las redes sociales que derribaron las fronteras geográficas e ideológicas dando paso a la globalización actual.

Si es verdad que estamos en la “Era de la Comunicación” es menester dedicar particular atención al mensaje, ese mensaje que nos relaciona con otros, que nos permite llegar a nuestros clientes, si somos empresarios, o a nuestros lectores si somos escritores o poetas.

Ese mensaje debe ser el adecuado para obtener el efecto deseado. Entonces, si nos enfocamos en el contenido para que exprese lo que en verdad queremos decir, para que llegue a quien deba llegar y que persuada – como decía Aristóteles – a quien deba persuadir, no debe tener ni más cosas ni menos cosas de las que debe. Debe ser un mensaje claro, conciso, transparente, inequívoco y convincente, y para ello  contamos con una invalorable herramienta: el idioma.

En nuestro caso, los hispanos parlantes, esa lengua es por demás rica en vocabulario, verbos, conjugaciones, adjetivos, etc. Es la lengua que usó Cervantes para dar vida al Quijote, la de Sor Juana Inés de la Cruz, José Echegaray, Jacinto Benavente, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, y del argentino Jorge Luís Borges candidato una treintena de veces al galardón obtenido por la mayoría de los anteriores, el Nobel de Literatura.

Si tenemos por herencia una herramienta tan bella, tan musical, tan vasta para las descripciones, el relato o la poesía, ¿Por qué no la usamos como debemos? Pareciera que hoy en día hablar con corrección, cuidando de no caer en vulgarismos y jergas, o aumentando cada vez más nuestro vocabulario cotidiano fuese algo demodé.

La imagen que la gente se forma de nosotros está compuesta por dos elementos básicos. Uno es la simbología, que engloba nuestro nombre, la forma de vestir, nuestro aspecto exterior, y el otro es el comportamiento, es decir, las conductas. Si pretendemos que las personas con las que nos relacionamos articulen una imagen positiva de nosotros, y esto lo saben muy bien los profesionales de las Relaciones Públicas, debemos, entre otras cosas, cuidar nuestra forma de hablar. ¿Y a qué me refiero con eso? Al empleo correcto del idioma, a conjugar los verbos adecuadamente, a distinguir el género de las palabras para usarlas debidamente, y a escribirlas sin faltas de ortografía pues correríamos el riesgo de caer en el uso de términos homógrafos u homófonos, aquellos que se escriben y suenan igual pero tienen significados diferentes, y los que se pronuncian igual pero su escritura y significado son diferentes, respectivamente.

Quizás la persona que no domina nuestro idioma no se dé cuenta de nuestros errores, que a veces se transforman en horrores, pero el que hable nuestra lengua se percatará de nuestro yerro y nos catalogará de acuerdo a ello. No olvidemos ese dicho popular que dice: “Dime cómo hablas y te diré quién eres”. Eso hace alusión a la educación que hemos recibido. Y si por alguna razón no pudimos acceder a una formación académica apropiada, está en nosotros poner todo nuestro empeño en superarnos y así evitar la descalificación y la discriminación de nuestros pares. Y es en este punto donde todos debemos reflexionar por un instante y convertirnos en “maestros” de nuestros semejantes, enseñándoles a hablar correctamente pero con la sutileza necesaria para no herir su amor propio.

Decía al comienzo de este artículo que estamos en la Era de la Comunicación, y es verdad. En la actualidad hacen furor en el mundo los tweets y los SMS que limitan al usuario la cantidad de caracteres a usar en su mensaje. De ahí que se abrevien las palabras o se escriban incorrectamente al recurrirse, como artilugio, a la fonética. Eso me causa infinito dolor, porque es la mejor manera de “matar” al idioma.

En síntesis, dado que soy especialista en Ceremonial y Protocolo y no lingüista, debo simplemente alertar sobre la incidencia negativa de hablar mal en la imagen personal de cada uno de nosotros. Hagamos un esfuerzo para que este hermoso idioma siga siendo eso en nuestras bocas.

Federico A. Luque                                                                                                               Especialista Superior en Ceremonial                                                                                       Autor del Curso: “Cómo Aprender Ceremonial y Protocolo En Su Casa”

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Acerca de aprendeceremonialyprotocolo

Especialista Superior en Ceremonial - Profesor universitario de Ceremonial y Protocolo
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Una respuesta a Dime cómo hablas y te diré quién eres

  1. MARCELA EMILIA dijo:

    gracias Federico, sigo tus enseñanazas y realmente me resultan muy practicas y favorables para mi vidad social y profesional, saludos cordiales, Marcela.

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